
Un trabajo metalúrgico está lleno de detalles, que transmiten toda la información que necesitamos para analizar la situación. Esos detalles nos cuentan a gritos, que está sucediendo y sólo hay que escuchar con atención. Ningún detalle puede pasarse por alto. Cada uno nos está transmitiendo algo y a veces, puede ser la clave que resuelve el enigma.
En la imagen, un perfil plano (50×8) de acero resistente a la corrosión (no olvidemos aquello de que, no existe ningún acero que sea inoxidable), satinado (esmerilado lineal), al que se le ha soldado un perfil “T” en la parte inferior, a modo de montante vertical. La soldadura realizada entre ambos, ha generado una ZAT (zona afectada por la temperatura) y esta, ha generado coloración en el material. Las precipitaciones de carburos, han debilitado la capa superficial pasivadora del acero plano y, por ende, ha aparecido corrosión.
Es evidente que, no se realizó un correcto tratamiento posterior a la soldadura. La coloración se hubiera evitado mediante un pulido electroquímico y el pasivado hubiera evitado la corrosión.
El esmerilado mecánico, efectuado con posterioridad, posiblemente con la intención de evitar la coloración, no hizo más que empeorar la situación. La agresión mecánica del abrasivo, provocó microsurcos y cavidades que, debilitaron aún más el material.
El uso de una aleación de acero resistente a la corrosión, con bajo contenido en carbono, hubiera ayudado a que no apareciera la coloración, al reducir las posibilidades de que se producirán precipitaciones de carbono en el material, en la ZAT.

